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Algún rey, en algún tiempo, en algún lugar, y por algún motivo concreto, concedió un escudo de armas a un caballero, cuyos descendientes lo heredaron hasta nuestros días.

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martes, 28 de diciembre de 2038

Articulo Heráldica | Concepto e Historia


Entre los símbolos que representan las distinciones de personas o entidades, ocupan un lugar preferente los llamados escudos de armas, cuyo estudio es objeto de la ciencia heráldica.
La heráldica o ciencia del blasón, es para la Real Academia “el arte de explicar y describir los escudos de armas de cada linaje, ciudad o persona”. Y blasonar será disponer el escudo de armas, según las reglas del arte, esto es, disponer convenientemente los blasones, nombre que igualmente reciben cada figura, seña o pieza de las que se ponen en un escudo, el cual, a su vez, no es sino el campo, la superficie o el espacio de distintas figuras en que se pintan los blasones de un reino, ciudad o familia.
La elaboración sistemática y con ella la historia de la heráldica, datan propiamente de la época en que este asunto empezó a preocupar a los hombres de ciencias, especialmente a los juristas y a los clérigos.

Los heraldistas más antiguos fueron el eminente profesor de leyes Bartolomé de Sassoferrato, en Perusa, y Juan Rothe, en Turingia (Alemania).
A Bartolomé de Sassoferrato corresponde el tratado “De armis et insigniis”, que se reprodujo varias veces y que ejerció gran influencia durante algunos siglos; en el se trata de las diversas cuestiones relacionadas con el blasón, sobre la manera de pintar y dibujar las armerías, de los conceptos de flanco derecho e izquierdo y del simbolismo de los colores.
“Rietterspiegel” es la obra principal de Rothe. Trata, en primer lugar del origen del blasón, pero explica también el simbolismo de los esmaltes, así como criterios para la formación del escudo.
Dentro del ámbito germánico, cabe señalar asimismo, a Félix Hammerlein, que en su tratado “De nobilitate et rusticitate” (1.440 aprox.), dedicó un capitulo especial a la ciencia heráldica, calcado en los trabajos de Sassoferrato.
Sin embrago, será Francia el país que mas contribuya a la elaboración y desarrollo del lenguaje heráldico, en parte por haber quedado postergada esta cuestión en Alemania. En este senido podemos destacar a tratadistas como Clemente Prinsault, quien en 1.416 fija ya muchos de los términos que estarán vigentes hasta hoy, no solo de la heráldica francesa, sino en la de muchos otros países que no encontraron vocablos adecuados para sus lenguas.
En el siglo XVI, Bartolomé Cassaneo logra en su “Catalogus Gloriae mundi”, la fusión de las diversas tendencias expuestas. Más tarde, en el siglo XVII, continuara la evolución heráldica con autores como Felipe Harsdörfer, quien hablo por primera vez de la partición del escudo, además de introducir en la literatura alemana gran numero de voces técnicas.
A partir del siglo XVIII crece el número de publicaciones dedicadas a la heráldica, incluso en España, con obras como “Declaración de las empresas, armas y blasones con que se ilustran y conocen los principales reinos, provincias, ciudades y villas de España”, que tuvo como autor a Antonio Moya, en 1.756.
Tampoco han faltado en la historia moderna recopilaciones, como la de De Renesse, titulada “Dictionaire des figures heraldiques” (1.895), así como tratados sistematizadores, como el “Tratado de Genealogía, Heráldica y Derecho Nobiliario”, obra de Vicente Cadenas, publicada en 1.961. Y numerosas obras más recientes.
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viernes, 11 de noviembre de 2011

Pinzón


Origen: Se desconoce su lugar exacto de nacimento / Andalucía

Se sabe con certeza, que ya estaba afincada a mediados del siglo XV en la Villa de Palos, (Huelva). Los miembros mas antiguos, fueron los hermanos de Martín Alondo Pinzón, don Vicente Yáñez Pinzón y don Francisco Martín Pinzón. Todos se dedicaban a la vida del mar hasta que Cristóbal Colón hizo en Palos los preparativos para emprender la gran aventura. Fueron elemento importantísimo de la gesta colombina hasta el punto que hay quien afirma que sin su concurso esta no se hubiera podido llevar a cabo.
Armas: Escudo cortado: 1° en gules un castillo de oro: Bordura de azur. 2° en sinople, tres barcos y un promontorio sobre ondas de mar. Bordura de oro. Este blasón le fue concedido, a la familia Pinzón, por el emperador Carlos V.

Otros escudos
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domingo, 30 de octubre de 2011

Bustos


Origen: Castilla

Apellido castellano, muy antiguo y noble ya que a él pertenecieron los siete infantes de Lara, que fueron hijos de don Gonzalo Bustos y de Sancha Velázquez, nietos del rey Ramiro II de León. Se extendió por toda la península enlazando con los más nobles linajes, entre las cuales pueden citarse a los Marqueses de Cervera, con Grandeza de España. Una rama pasó a Méjico. Se trata de un linaje que probó repetidas veces su nobleza en las Reales Cnancillerías de Valladolid y Granada. Con fecha 7 de diciembre de 1.880 se autorizó a don Andrés del Busto y López para usar en España el titulo pontificio de Marqués del Busto.
Armas: Escudo partido de azur y oro con un águila del uno en el otro. Su lema es "Si no soy toda de oro, en lo azul tengo el tesoro".
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lunes, 7 de febrero de 2011

By Request | Guarin


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martes, 3 de agosto de 2010

Apellido | Morán


El origen de este apellido procede del linaje de Somonte. Por este nombre se conoce al terreno situado en la falda de una montaña y. efectivamente, una montaña tiene mucho que ver con el apellido Moran, en concreto Covadonga. Históricamente comprobado está el hecho de que los de este apellido son oriundos del Concejo de Gijón. en Asturias, remontándose sus orígenes a los tiempos del rey Don Pelayo. Algunos caballeros así llamados, Moran, acompañaron al noble visigodo cuando este se refugió en el monte Auseva, en el año 718, ante la invasión musulmana. Se guarda constancia de su valor en la batalla de Covadonga contra el caudillo árabe Alqama, que fue derrotado por las huestes de Pelayo. Unidos a este, se establecieron en la corte del caudillo visigodo en Cangas de Onís.



Existe una versión sobre el origen del apellido Moran: es aquella que dice que un caballero del linaje Somontes, se casó con una mora y por ellos sus descendientes se llamaron Morán. No hay que concederle excesivo crédito ya que ofrece muy pocas garandas de veracidad.


Otros escudos:

Tuvieron casa en Villaquejida. del partido judicial de Valencia de Don Juan (León). De ella fueron Francisco Moran Zamora, del Santo Oficio de la Inquisición, y Caballero de la Orden de Santiago, en la que ingresó el 12 de agosto de 1.649. En el palacio de Valduerna, del partido judicial de La Bañeza (León), moró otra familia de este apellido, de la que procedió Alonso Morán y García, vecino de Villagarcía de Campos (Valladolid), que el 6 de mayo de 1.541 obtuvo ejecutoria de hidalguía en la Real Chancillería de Valladolid.
Los Morán entroncaron con los Butrón, en Vizcaya, donde fueron señores de la casa de Mezcla. Más tarde se establecieron en la ciudad de Logroño, apellidándose Morán de Butrón. Una línea de esta casa pasó a América, instalándose en la ciudad de Guayaquil, en la República de Ecuador. Este nombre de Morán geográficamente lo lleva un Distrito de Venezuela, en el Estado de Lara, siendo su capital El Tocuyo.
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Historia de la Heráldica y la Genealogía | Parte III


¿Cuándo comenzó la Ciencia Heráldica?
He aquí una pregunta de difícil contestación dado que se ignora la fecha exacta del comienzo de la ciencia heráldica. Esta se basa en unos hechos que se van produciendo desde la más remota antigüedad hasta que se van sujetando a un estado de Orden y es así como aparecen ciertas reglas que conceden a la heráldica su carácter Científico. Ciertamente, en los primeros tiempos de la historia de la Humanidad, en las lejanas Edades en las que el hombre aún no se había constituido en núcleos de población, hablar de heráldica sería totalmente absurdo. Tuvo que llegar una cierta civilización formando primero los grupos de sacerdotes y guerreros, es decir, los grados, para que surgiera lo que podríamos denominar como una incipiente heráldica, o lo que es lo mismo, la necesidad de adoptar ciertos signos para distinguirse unos de otros.

Naturalmente no es concebible imaginar al hombre de la Edad de Piedra preocupado por alcanzar un blasón que le identificase como el primero en hazañas cinegéticas o también guerreras...
Llegaron los tiempos en que los humanos vivieron en núcleos y con las rivalidades de los distintos grupos aparecieron las guerras y con ellas las hazañas heróicas. Pero el recuerdo de tales actos se iba perdiendo, aunque viviera durante algún tiempo en la memoria de los coetáneos. Siempre hubo héroes, pero convendrá tener en cuenta que jamás se trató de seres aislados. Procedían de un tronco, de una familia que siempre se enorgullecía de él. Estas familias que sobresalían entre las demás buscaron la manifestación de los grandes hechos familiares y así como el apellido se distingue del linaje, así con los escudos de armas se patentizan los timbres de gloria de los pertenecientes a determinada familia.
Hay otro aspecto muy digno de tener en cuenta: Los reyes quisieron premiar a sus mas fieles vasallos por los servicios prestados a la Corona. ¿Cómo? Ascendiéndolos a una categoría superior, es decir, ennobleciéndolos. Fueron ellos los que estimularon el uso del blasón, así como la ostentación de utilizar sus propias armas a los caballeros. Conseguir el escudo llevó, y es lógico, a la realización de hechos de armas que redundaban en beneficio de la nación dado que, por lo general, tal cosa significaba un poderoso acicate que estimulaba el valor de los guerreros. Sería falso dejar de señalar que. aparte de los honores que el escudo llevaba inherente, existía también otro estímulo más prosaico y materialista. Cierto que los hechos heroicos ennoblecían el apellido, pero también es verdad que, por lo general, los monarcas premiaban a sus fieles vasallos otorgándoles en propiedad aquellas tierras que conquistaban. Un sólo ejemplo basta: Se habla del latifundio andaluz y sus orígenes están absolutamente claros: fueron los Reyes Católicos los que, en agradecimiento a la ayuda prestada por sus señores feudales en la conquista del reino de Granada y, al igual que lo hicieran sus predecesores, hicieron donación de enormes extensiones de tierra a sus nobles. Existe una característica muy propia en la Edad Media. El poder real no es absoluto dada la existencia de los señores feudales. Estos son a escala mas reducida soberanos que mantienen sus Ejércitos particulares y que cuando conviene a sus intereses, llegan a desconocer la autoridad real, a la que no sólamente desafían sino que llegan hasta enfrentarse. El señor feudal vive en su castillo rodeado de sus tierras y cuanto en ellas ocurra es de su absoluta incumbencia. El señor de Horca y Cuchillo. No tiene más conocimiento que el de sus comarcanos y, a veces, no sólo ignora lo que ocurre en la Corte sino que no le importa en absoluto. Mantiene sus guerras propias contra sus vecinos unas veces para apoderarse de tierras que le son ajenas y otras para intentar recobrar lo que otro más fuerte que él le ha despojado. En estas contiendas particulares la autoridad real brilla por su ausencia. Se hacía preciso un acontecimiento que alterase los cimientos de una sociedad medieval para dar paso a un nuevo orden de cosas. Este acontecimiento se basó en las Cruzadas. Unidos ante el "infiel" los nobles de todas las naciones de Europa olvidaron sus rencillas prestos a trasladarse a Tierra Santa y combatir al sarraceno conquistador de Jerusalén. Y en esta guerra es cuando se evidencian con mayor fuerza los esfuerzos de los caballeros ansiosos de añadir nuevas glorias a sus linajes. Aquí se entabla una feroz competencia para ver quien es más que nadie. El espíritu caballeresco se manifiesta con toda su fuerza y los nobles aunan esfuerzos en honor de su dama y la gloria de su linaje. Cada uno lleva su propio distintivo, sus armas, que los hace ser reconocidos y su mayor tesón es que esas armas que reflejan sus escudos se cubran de honor y triunfo. Pero ocurre que los escudos con los distintivos se multiplicaron de tal forma, que surgió la imperiosa necesidad de someterlos a leyes fijas y precisó que fueran las que configuraron el Código heráldico.


En las Cruzadas hizo su aparición el blasón como la representación gráfica de los hechos llevados a cabo, la insigna que muestra ante todos el honor de aquel que lo posee y que. con posterioridad, van heredando todos los de SU linaje. Es por eso que la Heráldica como Ciencia del blasón aparece con toda su fuerza en las Cruzadas. Lo que viene después la herencia de aquellos signos y distintivos por parte de los hijos, o las familias de aquél que los conquistó por sus hechos de armas. Este carácter ya se va trasmitiendo en tiempos posteriores, pero la heráldica como ciencia deja de basarse únicamente en los guerreros para extenderse en otros campos. En la sociedad, conforme el progreso se manifiesta, aparecen los hombres que tanto en el estudio como en la Ciencia llevan a cabo asombrosas conquistas y los reyes comprendiendo que tales esfuerzos hay que dignificarlos, no son reacios a otorgar nuevos títulos de nobleza, de tal forma que el escudo se diversifica, ya no sólo es la representación de las victorias bélicas, sino que también es el emblema del talento o las virtudes del ser humano. El sabio, el hombre de letras, el sacerdote, alcanzan sus propios blasones.

La Heráldica, nacida en el escudo del guerrero se extiende hasta el punto de que. con el tiempo, va naciendo, aparte de la religiosa, otro tipo de heráldica, como la comercial, la deportiva, la que distingue a las profesiones etc.
Esto produce que la afición a esta ciencia y al estudio de la misma sea cada día mayor y ya no se trata solamente de conocer aquello que nuestros antepasados nos legaron, sino estudiar asimismo todo cuanto se relacione con la Heráldica. ¿Quién no ha deseado conocer los orígenes de su apellido? Al entrar en posesión de este conocimiento, penetramos también en la historia.
Conocer el mundo heráldico es algo apasionante, por las múltiples facetas que en el mismo se encierran. No sólo las naciones sino los pueblos poseen sus propios escudos y no deja de ser interesante saber como los conquistaron, qué significan y qué derecho tienen a ostentarlos.



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Historia de la Heráldica y la Genealogía | Parte I


Hay unas preguntas básicas. ¿Que es la Heráldica? ¿De que se ocupa? ¿Que es la Genealogía? ¿De que se ocupa?

Empecemos por la Genealogía. Genea, según la mitología, es la hija mayor de los fundadores de la raza humana. Vivía en fenicia con Lenus, su hermano, con el cuál tuvo tres hijos, Fos, Pir y Flox, es decir luz, fuego y llama. Del nombre de Genea se deriva la raíz del nombre de la Ciencia que nos ocupa.
La genealogía, -del griego geneá, generación y logos tratado-, es la ciencia que estudia la serie de ascendientes de una persona, investigando las ramas ascendentes del llamado Árbol Genealógico. Bien, esta actividad, de investigación histórica se complementa, en determinados casos con la Heráldica. Pero... ¿de dónde parte la Heráldica?

Veamos, según la Real Academia, heraldo, es Rey de Armas, pero vulgarmente también se le aplica la calidad de mensajero o anunciante de alguna nueva. Y esto es precisamente lo que eran los antiguos heraldos, los portadores de las armas o blasón del señor a quien servían.

La Heráldica, pues, es la ciencia que estudia y fija las normas para la correcta interpretación de los blasones o escudos de armas, -en un sentido asequible para todos-.

Pero todo ello, a su vez, parte de una pregunta vital:
¿Qué es un apellido?, ¿Qué significación tiene, qué lo motiva y cuál es su origen?
Generalmente, la respuesta es simple: Nombre de familia con que se distinguen las personas. Ahora bien, dado que todo, absolutamente todo, tiene un comienzo, no estaría de más saber cuándo, dónde y en qué momento se originó lo que primero fue costumbre y luego dato o designación obligatoria.
La respuesta tiene un nombre propio: Roma. Fue en donde, con justicia, se conoce como cuna de la civilización, surgió el uso del apellido. Con anterioridad, el conocimiento de las distintas personas se llevaba a cabo únicamente con el nombre y, si acaso, por el mote o apodo. Así, aquel que poseía un pelo rojo, era designado como "el Rojo", los detectados por un defecto físico, por este, "El Cojo", "El Tuerto", etc.
Así se llegó hasta Roma donde comenzó, como una costumbre, añadir al nombre propio, el de la tribu o familia a la que pertenecía la persona. (Praenomen y Cognomen). Como ejemplo, el del propio Tito (nombre propio), al que se añade el perteneciente a la familia (Livio), componiendo nombre y apellido: Tito Livio.
Pero esta costumbre romana, en un largo período de tiempo, quedó limitada a la nación donde se originó, dándose el caso que, en el resto de Europa, por espacio de largo tiempo se continuó con el nombre y el apodo, hasta que a principios de la Edad Media comenzó a extenderse.
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Tuvo distintos orígenes. Comenzaron a utilizar apellido los nobles feudales que añadían a su nombre el correspondiente a la población que habían conquistado o que correspondía a su señorío. Y así, citando un caso, el noble Hernán, al conquistar la población de Almedia, añade este nombre al suyo propio y se convierte en Hernán de Almedia. Naturalmente, esto no ocurría con las clases populares por lo que el origen de su apellidos se deriva de la población donde nacían o, en ocasiones, ai oficio que ejercían. Y no pocos apellidos tuvieron su origen en los moles, así como otros se derivaron de los nombres de sus padres y abuelos, con algunas modificaciones.
Citando dos ejemplos, hay el apellido Hernández (hijo de Hernando), o González (hijo de Gonzalo). Es muy curioso que esta costumbre, desaparecida en los países de Occidente, se conserve en la Unión Soviética, bajo la denominación de "patronímico", es decir que tras el nombre propio, se añade el del padre, anteponiéndolo al apellido propiamente dicho. Ejemplo: Hihai Mihaivich Olov.
Mihaivich corresponde al denominado "patronímico", o sea, el nombre del padre. Entre los árabes se conserva también esta costumbre (Omar Ben Yusuf) o sea. Omar, hijo de Yusuf.
El actual procedimiento de nombres y apellidos es sobradamente conocido: Se basa en un primero (paterno) y un segundo (materno). Pero tampoco esta norma es general dado que existen países, concretamente los Estados Unidos de América, donde, en algunos estados, se invierten los términos, siendo el apellido materno el que se coloca en primer lugar.
Y también la Heráldica, se ocupa de las banderas, en cuanto a insignias de los ejércitos; del gonfalón, de señores y príncipes en las batallas; del cabdal, marca de Ordenes y ciudades, así como de estandartes y oriflas.

INTERPRETACIÓN HERÁLDICA DE LAS ARMAS CORRESPONDIENTES A LOS APELLIDOS

La pregunta para el profano es cuándo y en qué circunstancias, se origina la unión entre apellidos y armas, mediante el escudo. Y la respuesta ha venido teniendo diversas argumentaciones, dividiéndose, los autores especialistas en el tema, en dos bandos:
Aquellos que se remontan a siglos antes de Jesucristo, sosteniendo que ya griegos y romanos hicieron uso de escudos y linajes y otros fijan el comienzo de su empleo a la época de las Cruzadas y los torneos.

A este respecto, un autor de reconocida garantía como García Garraffa, señala en su obra "Ciencia Heráldica o de Blasón": "Las armas o armerías fueron desde sus orígenes y hasta el siglo X solamente jeroglíficos, emblemas y caracteres personales y arbitrarios, pero no señales de honor o de nobleza que trascendiesen a la posterioridad y pasaran de padres a hijos. Este nuevo significado comenzaron a tomarlo las armerías en el siglo X y como consecuencia de los torneos, habiéndose regularizado su uso y perfeccionándose su método y sus reglas en los tres siglos siguientes. No obstante, como muy acertadamente observa la Gran Enciclopedia en su página 1.136. hasta el siglo XV, con el advenimiento de los reyes de armas, jueces y heraldos, no pudo desembarazarse la heráldica de los usos y tradiciones que tendían, desde mucho tiempo atrás, a constituirla. Fue entonces cuando adquirió las reglas precisas así como un lenguaje especial que permitiera describir, con la mayor exactitud, sin el auxilio de las figuras, las armerías más complicadas.

Fué entonces cuando adquirió las reglas precisas así como un lenguaje especial que permitiera describir, con la mayor exactitud, sin el auxilio de las figuras, las armerías más complicadas. En un principio, y durante mucho tiempo, fue la heráldica un arte esencialmente práctico a los heráldicos profesionales, pero a contar del siglo XVII. y mucho más en nuestros días, la heráldica ha ido tomando cuerpo entre las ciencias auxiliares de la historia y su conocimiento viene a ser indispensable al historiador, al arqueólogo y al biógrafo.
Costa y Turell, en su "Tratado completo de la Ciencia del Blasón" (Barcelona, 1.858). dice:

"No debe creerse que el estudio de la ciencia del blasón es sólo útil y exclusivo para los nobles. Suponerlo sería cometer un grave error. Los historiadores, los poetas, los novelistas y sobre todo, los escultores, los pintores y arquitectos, deben saber blasonar los escudos que les pidan y los que encuentren a su paso. Sin ésto, unos y otros caerán en ¡os errores más cómicos y deplorables: cómicos cuando estos errores sólo sirven para demostrar las equivocaciones en esta materia y la ignorancia sobre la misma; deplorables cuanto pueden contribuir a deformar la verdad histórica"

Blasón y armería son términos heráldicos de igual alcance puesto que ambos responden a una misma idea y representan las insignias hereditarias, compuestas de figuras y atributos determinados, concedidos por la autoridad o el príncipe en recompensa de determinado servicio y como marca o distintivo del linaje premiado.
No obstante, constituiría un error suponer que todos los escudos han sido en su origen significativos y otra equivocación atribuirles a todos el carácter de una merced regia o de un premio otorgado por una autoridad soberana. I.a inmensa mayoría de los escudos, fueron adoptados, libremente, por los caballeros y sus linajes.
Es claro que en los primeros tiempos y sin existir norma alguna que especificase el uso y significado de cada elemento, los que aplicaban a sus escudos de guerra o al blasón de sus casas, figuras u objetos lo hacían a su libre albedrío y sin razón alguna que justificase, más que de una forma personal, la situación o emblema que se adoptaba. Por ello, es, en muchos casos, imposible para el heraldista, conocer el por qué de tal o cual símbolo que figura en determinado escudo, y aún mucho menos la razón de su situación dentro del mismo, a no ser que con posterioridad, y ya con la intervención de algún Rey de armas o heraldo, se corrigiese aviniéndose a las normas por las que se rige la Heráldica.
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Apellido | Hidalgo


Armas primitivas
Es apellido muy antiguo, con casas de nobleza en muy distintas regiones de España. Muchos valientes Caballeros de este apellido combatieron contra los moros en la Reconquista y así, en el sitio y toma de Granada ya encontramos a varios Hidalgos, habiéndose destacado por su valor y arrojo en el combate. Así, puede citarse como uno de sus más rancios solares el que radicó en tierra de Límia (Galicia), cuyos caballeros pelearon en cuantas guerras se llevaron a efecto, en su época, contra los moros. Algunos de sus caballeros después de la toma de Granada se establecieron en dichas tierras siendo este el origen, o mejor dicho, la difusión del apellido en Andalucía. Una casa Hidalgo muy antigua la hubo en la villa de La Bañeza, de la provincia de León. Y otra, los Hidalgo asturianos, en el lugar de Alea, del Concejo de Rivadesella. En la provincia de Soria existió otra antigua casa de Hidalgo, concretamente en Valdecantos, Ayuntamiento de Santa Cruz de Yanguas, en el partido judicial de Agreda.
En Salamanca encontramos una casa Hidalgo en el lugar de Lornadilla, un caserío próximo a la ciudad de Salamanca, con línea en la villa de Bóveda del Río Almar, partido de Peñaranda de Bracamonle. En lo que respecta a la provincia de Ciudad Real, una casa Hidalgo puede econtrarse en Villar del Pozo, de la que partió una rama que fue a instalarse en la ciudad de Medina Sidonia (Cádiz).
El apellido Hidalgo se encuentra ampliamente representado en las Ordenes Militares de Santiago, Calatrava y Montesa.
El nombre HIDALGO, en su aspecto geográfico, se encuentra representado en la América Hispana, concretamente en México. Un Estado de dicho país lo lleva, a partir del año 1.869 en que el Congreso mexicano lo denominó así, como homenaje a Miguel Hidalgo. Dicho nombre lo llevan asimismo cinco municipios mejicanos.
El apellido Hidalgo se completa, en ocasiones, con otros apellidos: Hidalgo de Cisneros, Hidalgo de Agüero, Hidalgo del Panal, etc.
Armas primitivas: En campo de azur, un lucero de oro de ocho puntas.

Otros escudos
A) En campo de azur, un lucero de oro de ocho puntas. Bordura de gules con diez cabezas de moros al natural.
B) En campo de azur un león rampante de oro. Bordura de gules alternando cuatro castillos de oro y cuatro aspas del mismo metal.
C) En oro, una flor de lis de gules, surmontada de una cruz llana del mismo color; partido de azur, una torre de oro.
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lunes, 2 de agosto de 2010

Historia de la Heráldica y la Genealogía | Parte II


Cuando se habla de Heráldica, se hace inevitable la referencia a Nobleza, Caballeros. Hidalgos, Infanzones, Hijosdalgo, etc. etc., dado que estos conceptos son inseparables de la materia a tratar.
Para comprender cómo, cuándo y por qué se inician estos nombres y su significado, se hace imprescindible el estudio de determinadas épocas.
El Marqués de Lozoya, en su "Historia de España", dice: "Lo que principalmente caracteriza esta nueva etapa es que, en una paz relativa, los reinos cristianos pueden ir consolidando una organización política y social cada vez más complicada. Las monarquías no son ya el puesto de mando de un pueblo siempre en armas y los reyes dejan de ser caudillos en que se concentran todos los poderes. El predominio de la nobleza se hace más grande cada día y crece también la fuerza de los Concejos, verdaderos señoríos de una ciudad o de una villa sobre un determinado territorio. Nuevos poderes (las dignidades eclesiásticas, las nuevas Ordenes Militares, etc) hacen cada vez más difícil el juego político.
La gran nobleza, poseedora de inmensos territorios, señora de los parajes más Inertes, de los castillos más propios para la defensa y de innumerables vasallos prestos a acudir a su llamada, es elemento principalísimo en el juego político y social de la nueva Edad.Acaso el origen de esta clase está en los magnates godos que emigraron al Norte y que, al constituirse en directores del movimiento emancipador (la Reconquista) recibieron como premio inmensos territorios. Su relación con el rey es estrecha y constante. Ellos desempeñaban los cargos de Condes y de potestades y formaban parte de su íntimo Consejo. Entre sus hijas se escogían, a veces, las reinas y los hijos de estos grandes señores se criaban en Palacio y se llamaban Infantes, como los de los reyes". No puede hacerse mejor definición de la nobleza de aquel tiempo. Efectivamente, el poder de ésta era inmenso y baste citar el episodio de aquellos nobles que, enfrentados a su rey, muestran su soberbia al decirle en pleno rostro: "Cada uno de nosotros vale tanto como vos y juntos más que vos".
Sus hijos eran, pues, Infantes. En cuanto a ellos eran llamados "Ricoshombres", lo que fácilmente se traduce por sus inmensas fortunas.
Pero existía también otra clase social que, aunque vástagos de grandes linajes, no poseían los cuantiosos bienes que los ricoshombres. Estos eran los Infanzones que, en no pocas ocasiones alcanzaron la fortuna a través de sus proezas y valeroso arrojo en las en las batallas de cualquiera de las muchas guerras. Menéndez Pidal dice que estos dos estamentos constituían la verdadera noblezay afirma que en tanto el elemento eclesiástico preconizaba la idea de una monarquía nacional, los nobles preferían no encontrarse sujetos al rey como a una potestad de origen conferido por Dios, sino obligados por un vínculo personal prestado libremente. Las relaciones entre ambos podían cesar en cualquier momento y por disposición de una de las dos partes. Si el rey desterraba al vasallo, este tenía la facultad de retirarle al monarca su juramento de fidelidad e irse a servir a otro señor que se acomodase más a sus intereses.
No obstante, existía otra clase de servidores reales, los Caballeros. Obligado por las necesidades militares, el rey no tenía más recurso que conceder exenciones y privilegios a los hombres libres que tuvieran hacienda suficiente para adquirir armas y caballos. Así nació la categoría de Caballero.
Y hay otra dignidad. la de Hidalgo. Por regla general, estos no ganan sus títulos en los campos de batalla. Son, más bien, propietarios campesinos que, de una u otra forma, han prestado algún servicio a la Corona.
Se constituye así la nobleza rural. Cierto que también se va formando una aristocracia ciudadana cuyo poder llega a ser extraordinario puesto que, a través de los Concejos, llegan a tener en sus manos el gobierno de una ciudad o comarca.
Al igual que los caballeros, los hidalgos viene a formar un estrato más en la jerarquía nobiliaria, aunque en numerosas ocasiones la hidalguía no haya formado parte, en sus principios, de una auténtica nobleza.
Esta clase social llegó a ser muy numerosa (en una población de apenas nueve millones de habitantes se llegó a contar con más de setecientos mil hidalgos) dándose el caso de que en muchos pueblos de las provincias de Alava, Santander y Logroño, todos los vecinos de bastantes pueblos ostentaban la categoría de hidalgos. Esto ocurría en el Norte porque conforme se iba bajando hacia el Sur, la clase social hidalga se iba haciendo más reducida.
"El rey puede hacer caballero, pero no fij osdalgo" escribía en el siglo XV mosén Diego de Valera. Y esto era porque el hidalgo se sentía orgulloso de haber alcanzado tal dignidad a causa de la limpieza de su sangre. Lo que no impide que en los patrones de aquel tiempo se encuentren numerosos hidalgos ejerciendo los oficios más humildes, o hasta declararse pobres de solemnidad.
De cómo la alta nobleza española colaboraba en las empresas de su rey, basta un ejemplo: al plantearse la conquista de Mallorca, aportaron, lo que sigue, los siguientes nobles:


Guillermo de Moneada. Conde Bearn, contribuyó con 400 caballeros totalmente equipados.
Nuño Sanz. Conde de Rosellón. con 100 caballeros asimismo totalmente equipados.
Y en 1.287, al plantearse la campaña menorquina, estas son las aportaciones de la nobleza:
Conde de Ampurias: Contribuye con 50 caballeros, 200 infantes y 100 arqueros.
Conde Cardona: Contribuye con 100 caballeros y 300 lanceros.
Conde de Prades: Contribuye con 100 caballeros y 100 infantes.
Conde de Urgen: Contribuye con 500 infantes.
Vizconde de Rocaforte: Contribuye con 200 caballeros.



Y de cómo, cuando les convenía, estos nobles respetaban o desobedecían la autoridad real, basta un ejemplo: El rey don Jaime I, tuvo, por conveniencias del momento, que llegar a un acuerdo de concordia y paz en buena armonía, con el rey moro de Valencia, Cid Abu Zeid, para imponer una tregua entre ambos, ya que las arcas reales se resentían de los efectos de la guerra.
Cuando regresaba camino de Zaragoza se encontró con uno de sus "ricoshombres" que hacía el camino contrario.
No era otro que don Pero de Ahones, que había decidido, por su cuenta y riesgo, hacer la guerra a los moros, de los reinos colindantes, buscando más tierras de las que apoderarse y así ampliar sus dominios.
El rey Jaime, esclavo de su palabra, le intimó a que desistiera de sus propósitos, dado que él había fijado una tregua y, no era cosa de honor, romperla.
Don Pero se negó a ello, de modo que el rey quiso prenderlo, pero tal cosa era más fácil de decir, que de hacer, porque las huestes del noble eran más numerosas que las del soberano.
Total, que el rey se trabó en lucha con su vasallo y pudo vencer en la lid.

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